Se habla de la soledad en la cama, se habla de volver a hacer las cosas del día a día sin esa persona a tu lado, pero nadie habla del día en que te quitas el anillo. Es una sensación rara, como las sensaciones que te salen desde lo más profundo de las tripas y son incomprensibles para la cabeza.
Al principio te quedas mirando embobado el dedo vacío como si fuera ajeno y totalmente desconocido, pues cuando te acostumbras a ver las cosas de una forma, a nuestra mente le cuesta aceptar los cambios y por eso pensamos que todo debe de ser un error, pensamos que ese dedo no puede ser el mío.
Más tarde nos damos cuenta de que no hay error, intentamos mover los dedos y estos responden torpemente, como si realmente se tratara de un dedo nuevo que ha crecido por la noche y aún no controlamos.
Poco a poco vamos recobrando el control, poco a poco volvemos a tener la habilidad y aprendemos de nuevo a ser nosotros mismos, con todo nuestro cuerpo, incluido el dedo anular. Como un árbol que muda las hojas en invierno, volvemos a rebrotar y a tener nuevas ramas, nuevos frutos y otras hojas distintas.
Pido perdón a quien me esté leyendo si he cambiado alguna letra, si se ha colado alguna errata en el texto ha sido porque mis dedos están torpes ahora mismo. No te preocupes desconocido lector, he de contarte que esta mañana me quité el anillo y lo dejé en el baño por un descuido. Solo ha sido un descuido.
domingo, 14 de septiembre de 2014
El anillo
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esta perfecto...lo importante es transmitir y aquí es mucho ;)
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