jueves, 12 de junio de 2014

El transexual nace, no se hace.

"El transexual nace, no se hace, y lo sabe desde los tres o cuatro años"


Así de rotunda se mostraba María José Hinojosa Pareja, psicóloga experta en transexualidad, cuando se le preguntaba en el Congreso Nacional de Pediatría que tuvo lugar en Octubre y donde explicó la importancia que tienen los pediatras a la hora de detectar y derivar precozmente los casos de forma correcta y el acompañamiento que precisa la familia.

¿Demandan los médicos información sobre transexualidad?
Bueno tengo que aclarar por un lado que yo voy a este congreso como profesional de la psicología, pero también para dar voz al colectivo Gamá. De lo que se trata es de hablar sobre la necesidad de despatologizar las identidades transexuales y la no clasificación como enfermedad mental.

Pero, ¿se sigue considerando la transexualidad una enfermedad?
Sí. Se han dado pasos importantes para cambiarlo, pero los sistemas clasificatorios más importantes en el mundo siguen reconociendo la transexualidad como disforia de género. Ya no lo llaman trastorno de la identidad sexual, pero sigue en vigor un término patologizante. Esto estigmatiza a todas las personas transexuales porque les pone una etiqueta médica y no se respeta la diversidad de los géneros y de las identidades y hay muchísimas familias que no saben cómo intervenir cuando uno de sus miembros está ante esta situación. Se sienten culpables y no saben qué recursos existen.

¿Y qué hacen?
Pues la primera puerta a la que llaman es a la del pediatra, pero, ¿qué pasa si este profesional no ha escuchado jamás hablar de la posibilidad de que los niños y las niñas con 4,5, 8 o 10 años puedan tener una disconformidad con su género? Pues que se queda alucinado y no sabe ni qué hacer, ni qué decir, ni a dónde derivar a la familia.

¿Cuándo se le da credibilidad a lo que el niño afirma?
Una cosa es lo que dicen los protocolos y otro la realidad. Según los protocolos, cuando hay un menor que manifiesta sentirse del sexo opuesto la primera derivación se hace desde el pediatra a la Unidad de Salud Mental Infantojuvenil. Esta edad se establece porque es la que, por ley, fija la autonomía del paciente, y es entonces cuando puede iniciar, sin supervisión de sus tutores legales, un tratamiento hormonal, pero antes no. Eso no significa que no se establezca la transexualidad mucho antes.

Me imagino que muchos casos estarán claros desde muy pronto.
Desde luego. Mi opinión profesional es que la transexualidad es algo con lo que se nace. Desde los tres o cuatro años se cierra la interiorización de la identidad y si es la contraria al sexo anatómico ya se comienza a verbalizar, lo que ocurre es que es alrededor de los siete años cuando se fija la personalidad y es otro punto de inflexión que para los transexuales es definitivo, a partir de ahí ya nada cambia.

¿Qué es lo que nunca debe hacer un pediatra en estos casos?
Lo que no debe hacer nunca un pediatra es decirle a la familia que el niño aún es muy pequeño y que su identidad puede variar con el tiempo y que esperen hasta la adolescencia. Y es que si no se sabe intervenir es mejor no hacerlo que hacerlo mal. Lo que sí hay que hacer es acompañar a las familias, entrevistarlos, dejar que se desarrolle la personalidad de una manera libre y sin represión, escuchar sus sentimientos y no mirar para otro lado pensando que sucede es que hay una homosexualidad latente. La orientación sexual responde a la pregunta quién nos gusta, pero no a la de cómo nos sentimos que somos, si mujeres u hombres.

¿Pero no hay dudas?
No, porque desde pequeños son constantes en esa identidad sentida y viven conforme a ese género y rechazan que sus genitales no son los que deberían tener.

¿Cómo encajan las familias esta situación?
Con mayor normalidad de lo que podría parecer, pero luego se encuentran mucha falta de información y muchos cuestionamientos, incluso en el ámbito sanitario. Esta mañana he estado con un matrimonio que no paraba de llorar porque pensaban que habían fomentado la transexualidad de su hijo de cuatro años dejándole jugar con muñecas. Ellos quieren que él sea como quiera ser, pero no saben cómo hacerlo sin que su entorno los juzgue, critique y les digan que están locos.

Artículo de G. Maestre publicado en Eldia.es





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